Y sí¡, llegó la noche y kush-kush se encontraba otra ves sólo, con su compañía, con la tristeza que lo invadía recordando a su a amor la kush- kusha, que los había abandonado aquel verano más lluviosos del año.
Dejó el mate sobre la mesa, se saco las botas y las colocó debajo de la cocina a leña, que ardía al igual que la herida que sufre el titiogé ante la impiedad del hombre, rasco su cabeza y con la mirada triste se fue a al cama. Le costo mucho cerrar sus ojos, ya que se empañaban con el recuerdo que aquella papaguacha había dejado en su corazón.
Mulineandocascaraypluma anunció el amanecer, kush-kush de un sólo salto piso el cemento helado, y se dispuso a preparar el pankrus de cada día y como al pasar de un suspicó se mandulo una galleta.
Ensillo el gatomisíl y se largo enchonchinchado al campo, hasta que el horizonte hizo de él un punto en la lomada de aquella región Pancrústica .
De pronto apareció en escena Pancruz, baqueano y conocedor de la zona; había algo en él que marcaba una tristeza extraña, disparada por la mirada que quiso ocultar, suspiro, y de un solo resople le dio la mas triste noticia que kush-kush, esperaba recibir.
_buenos dias, kush-kush¡¡¡ (dijo el hombre )
_buenos dias, respondio con la vos apagada del atardecer.
_tengo una mala noticia, la peor¡
_qué pasó?
_ esta madrugada, en el cardal de los Morongos han encontrado un cuerpo rancio, parece que es una mujer . he preguntao al oficial y me ha dicho que es de pelo rubio y que la cara no se vé por que la alimañas del lugar han hecho lo que la naturaleza les manda, yo la ví y aunque nofasereno vengo a buscarlo, para que lo vea.
Así tomaron cada uno sus riendas y doblaron el pescuezo de los picuñandos para retomar la ondanaza.
Al llegar kush-kush bajo ciego del gatomisíl y se lanzo sobre el cuerpo rancio de esa mujer, en ese momento, el viento se quitó de la atmósfera, los teros dejaron de anunciar la llegada de tanta gente y tiempo hizo un espacio ante tanto dolor.
Y sí¡ era su kush_kusha esa que había creado las noches interminables, y había de sus ojos un eterno empaño de sollozo.
En eso llega el intrépido oficial que le hace entrega entre sus manos del un pequeño cuerpo,
Con ojos inocente y casi sin llanto, era su hijo que había sido parido en su cuna de pajonal.
Ciego y enmudecido por la noticia kush_kush monta su gatomísil y sin una sola palabra abraza con fuerza aquella añepeque y deja que la lomada haga un punto nuevamente en el horizonte.
Cecilia Velazco