Laura estaba a punto de cumplir 19 años, vivía con su hermana, Lourdes, diez años mayor que ella. Las hermanas eran muy queridas por todos en el pueblo…por casi todos, pues siempre hay alguien al que uno no le cae bien , imposible llevarse bien con todos.
Inesperadamente Lourdes enfermó. Los días pasaban y no mejoraba. Laura comenzó a angustiarse, los médicos no acertaban con el diagnóstico ni tenían buenas expectativas sobre el futuro.
Ante la pérdida total de esperanzas Laura recordó que en el pueblo vivía una anciana, Doña Chela, la curandera. No estaba segura si todavía existía, hacía años que no la veía paseándose con su changuito lleno de verduras. Pero como la urgencia prevalecía salió despedida como una flecha con destino: la casa de Chela. Llegó toco la puerta y ahí estaba. Doña Chela se asomó por la ventanita que se ubicaba a la izquierda de la puerta, no parecía de buen humor, pero a pesar de esto la atendió. Después de escuchar lo que Laura tenía para decir, Doña Chela mujer de pocas palabras, anotó un nombre en un papel. Lourdes debía tomar la medicina que ella indicaba antes de las 48 horas siguientes, pues no había vuelta atrás. Según Chela Lourdes era víctima de un embrujo o maldición, lo único que la salvaría sería lo que ella recetó. El inconveniente era que “la salvación” no se conseguía en el pueblo, debía viajar a la ciudad más cercana.
El micro local que la llevaba a destino salía a la mañana siguiente, solo tardaba seis horas por lo cual Laura consideraba que estaba con tiempo suficiente para llegar con lo necesario y que su hermana recupere la vitalidad perdida.
Una vez que arribó el micro se acomodó en el segundo asiento, al lado de una joven unos años mayor que ella. Laura no sabía que su acompañante la conocía, no sólo a ella sino a su hermana y sus padres. Los padres de Laura y Lourdes murieron en un accidente automovilístico, hace unos años, cuando realizaban un viaje de placer junto a una pareja amiga. La fatalidad fue inevitable, murieron los cuatro integrantes del auto.
Laura notó que su compañera de viaje la observaba detenidamente, como si algo le quisiera decir y no se animaba. Hasta que por fin se rompió el silencio iniciando la charla con el típico tema del estado del tiempo y el calor que acogía el pueblo desde hace varias semanas. Cuando entraron en confianza la joven se presentó:
-Mi nombre es Úrsula, voy para la ciudad a visitar a una amiga ¿y vos, también vas de paseo?- preguntó, como queriendo obtener información. Laura, inocente y confiada, le contó:
- No… ojalá, mi hermana está enferma… está grave. Debo conseguir un remedio para que la salve. Realmente me tiene muy angustiada, hace unos días que está mal y no se recupera…
Úrsula se hizo la sorprendida, trató que no se note su contento, pues ella conocía muy bien a las hermanas, para disimular se mostró preocupada y ofreció su ayuda.
-¡Que angustiante! Si querés puedo ayudarte a ubicar el negocio donde venden el remedio, viajo seguido la ciudad, la conozco de memoria!
-Sería de gran ayuda, no es un negocio, es una casa particular y la verdad que no me ubico muy bien con las calles en ese lugar.
Una vez que el micro arribó el lugar las dos emprendieron el camino a la dirección convenida. Consiguieron la medicina y Úrsula le pidió Laura que la acompañe a realizar unas compras. Laura accedió, recorrieron varios negocios, se llenaron de bolsas de compras y finalmente se separaron para continuar cada una con su camino. En ese momento Úrsula aprovecho para confundirla a Laura y, entre tantas bolsas, intercambiar la que correspondía al remedio por otra que contenía un frasco insalvable para quien lo consuma.
Laura sin sospechar de lo sucedido volvió a su casa, se reencontró con su hermana, convaleciente. En una mezcla de ansiedad y desesperación abrió el paquete que contenía la medicina y advirtió que…no era la que había adquirido en la ciudad. Abrumada pensó y pensó qué podía haber sucedido. En ese momento Úrsula apareció, sorpresivamente, de la habitación contigua. Laura estaba desbastada… Cómo llegó a su casa antes que ella? Qué pretendía?
- ¡Qué sorpresa! Nos volvemos a encontrar…- dijo Úrsula con un tono irónico
- ¿Qué haces en mi casa?-dijo Laura
- ¿Qué hago?... vengo a ver morir a tu hermana. Como tus padres vieron morir a los míos y no hicieron nada…
Laura quedó sin palabras y comenzó a atar cabos en su mente. Trató de calmar a Úrsula, explicándole que esa situación fue hace años, ella y su hermana nada tuvieron que ver, es más ellas también habían perdido a sus seres queridos y no por eso buscaban culpables ni venganza. Pero Úrsula estaba enceguecida, acusando al padre de Laura que era el que conducía en el momento del accidente como el responsable de la fatalidad y al estar en ausencia física pretendía que Laura y Lourdes pagaran por lo sucedido. Sacó de su bolsillo el frasco con el remedio para Lourdes y ante la amenaza de destruirlo contra el piso Laura se abalanzó sobre ella. Lidiaron unos segundos, hasta que en un movimiento fortuito, Úrsula se patina golpeándose la cabeza y Laura aprovecha a quitarle el frasco. Rápidamente lo abre y se lo da de beber a su hermana, Lourdes ya estaba a salvo.
Laura estaba contenta por la mejora de su hermana pero intranquila porque debía deshacerse de esa joven que yacía en el suelo de la habitación de su casa. Lo único que se le ocurrió fue llamar a la policía. Cuando los agentes estuvieron allí, reconocieron inmediatamente a la persona. Laura explicó lo sucedido y los policías también a ella. Úrsula había escapado de una clínica psiquiátrica hace un tiempo, en la cual vivía desde que sus padres fallecieron y por el shock de lo sucedido sus familiares no tuvieron más remedio que internarla allí.
Con los días Lourdes empezó a mejorar y Laura a recuperar la calma. Las hermanas continuaron con su vida. Felices. Tranquilas.

2 comentarios:
¡Qué historia atrapante! A mí todo me cierra. Me parece que tiene mucha elaboración ese argumento.
Ana
Me parecio muy atrapante la lectura que realice de tu relato,cuantas cosas que le pasaron a esas dos hermanas.cuanta imaginacion!
monica
Publicar un comentario